A Siete años de la partida del «Socio» el Padre Vilchez. Por: Julio Fernández León

Su obra estaba también en dirigir conjuntos gaiteros, en la música, deporte y hasta convertirse en pitcher; el educar al pueblo fue también su guía

El país conoce la ingente obra espiritual y material de este sacerdote que muy joven llegó a San Francisco a transformarlo todo, a cambiarlo todo. Todos saben de sus conjuntos, de su liceo, de su afición al deporte, de sus chistes. Pero hay algo que todos ignoran. Me atreveré a decirlo.

La cúpula eclesiástica nunca vio con buenos ojos el ejercicio sacerdotal del Padre Vílchez. El, inteligentemente, no le dio importancia a eso. Hasta algunos colegas lo veían con cierto recelo. Pero él tranquilo. Mi compadre Luis Guillermo no se preocupó mucho por ir al Vaticano y gradauarse de Doctor en alguna rama de la Liturgia. En el fondo no fue un intelectual.

Su vida no estaba allá, se hallaba aquí, con su gente para luchar a su lado y cambiarla para el bien. Los años en los Seminarios a pesar de su precaria salud fue de éxito. El Padre fue un hombre inteligente y conocía muy bien el terreno que pisaba.

Otro aspecto que lo condenaba para la Iglesia pacata, fue el no vivir eternamente en el altar o en la Casa Cural. Claro que parte de su entrega a Dios estaba allí. Pero no toda. Su obra estaba también en dirigir conjuntos gaiteros, en la música, deporte y hasta convertirse en pitcher; el educar al pueblo fue también su guia.

Todo esto lo convirtió en UN CURA REVOLUCIONARIO. Y vaya, que bueno sería que hubiese buenos sacerdotes de hoy parecidos al Padre Vílchez. El eterno conservaduismo de la Iglesia Católica lo condenó en vida. Aclaro que nada tengo contra la Iglesia, pero soy un periodista con acendrado espíritu crítico.

Hoy no lloremos, cantemos la Gaita «Un Siglo de Amor» símbolo de su enorme capacidad musical dedicada a la madre y a la maestra que tanto amó.

Por: Julio Fernández León

Periodista/Profesor Universitario/Educador Ambiental

@julioluisfernandezleon

 

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